NATARAJA
Tiempo, ritmo
De formas que se abren,
Formas que pasan,
Perfectas o dañadas,
El pie del Dios
Está sobre el mundo,
Terrible danzante
Cuyas hollantes huellas
Aplastan el bien y el mal,
El fluir de su río
En nuestra sangre está,
Fin y principio
Latido del corazón
Nuestro todo, nuestra nada.
Destructor de mundos,
Purificador,
Su paso indiferente,
Su atuendo rojo.
Autora: Kathleen Raine
BUENO ES SOÑAR. DESPERTAR ES MEJOR...
Bueno es soñar. Despertar es mejor
si se despierta en la mañana.
Si despertamos a la media noche,
es mejor soñar con el alba.
Más dulce el figurado petirrojo
que nunca alegró el árbol,
que enfrentarse a la solidez de un alba
que no conduce a día alguno.
Autor:
Emily Dickinson
¿DÓNDE?
A Franciso Díaz de Castro
Donde ya no hay palabras,donde sopla el silencio su cristal
y lo afina en la copa del consuelo;
donde el llanto se rinde, desoído en su fe,
a su duro esqueleto de alegría;
donde el hueso y la carne,
donde el dolor y el miedo callan sordos;
donde se vio atendida
un instante en su afán nuestra plegaria.
Sobre la misma muerte,
en su podrida turba, en su fermento oscuro,
donde arraiga, carnívora,
la fiera flor solar de estar con vida.
En el ciego entusiasmo, en la pureza:
donde tan sólo fuimos
—¿dónde?—
pobres almas de dios,
sólo polvo feliz
que la tormenta eleva sobre el mundo,
suplicante
relámpago
de amor,
eléctrica belleza sin custodio.
Autor: Vicente Gallego
COSTUMBRES
Esta vieja costumbre
de tener que inventarme cada día
para seguir viviendo…
Y esta vieja costumbre
de tener que inventarte cada día
para seguir amando…
Autor:
Antonio Porpetta
A la Espera de la Oscuridad
Ese
instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.
Autora:
Alejandra Pizarnik
VIAJE ADENTRO
Viaje adentro, al fondo, a ese barro primero
solícito para las manos, los algodones
tendidos en coincidencia con la herida.
Lo blando: refugio de las aristas
que nos duelen.
Viaje por los corredores
de la sangre, el andamiaje de calcio
que nos alza en rebeldía incesante
ante la gravedad.
Para ser polvo encendido en la frente
de algún dios, reconciliación
de puntos cardinales, fervor
que nos eleva a esa colina
desde donde podemos ver
la infancia que nos aguarda.
Autora: Laura Giordani
ACEITUNEROS
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma,
¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el
señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la
hermosura
de los troncos
retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del
viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma ¿quién
quién amamantó los
olivos?
Vuestra sangre, vuestra
vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la
herida
generosa del sudor.
No la del terrateniente
que os sepultó en la
pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del
día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de
aceituna,
los pies y las manos
presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros
huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de
quién,
de quién son estos
olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras
lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
Autor:
Miguel Hernández Gilabert (1910-1942)
UN SONETO DE BLAS DE OTERO
Cuerpo de la mujer, río de oro
donde, hundidos los brazos, recibimos
un relámpago azul, unos racimos
de luz rasgada en un frondor de oro.
Cuerpo de la mujer o mar de oro
donde, amando las manos, no sabemos,
si los senos son olas, si son remos
los brazos, si son alas solas de oro...
Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
donde, después de tanta luz, de tanto
tacto sutil, de Tántalo es la pena.
Suena la soledad de Dios. Sentimos
la soledad de dos. Y una cadena
que no suena, ancla en Dios almas y limos.
Autor: Blas de Otero (1916-1979)
EN LA SOMBRA DE LAS COSAS
Yo prefiero quedar en la penumbra;
quedarme en el secreto de las cosas.
Me gusta introducirme en las criaturas.
Errar como una idea.
Extraño como el arte.
Anónimo,
incierto
y olvidado.
Naciendo, nuevamente,
en cada día.
De "Canciones de Mihyar el de Damasco" 1961
Versión de Pedro Martínez Montávez
Autor: Adonis Ali Ahmad Said Esber
Poeta, pensador y ensayista sirio nacido en Qasabin, en 1930.
HOMBRES DESCALZOS
Grávida luz, me hiere tu silencio;
quéjate, grita, rómpeme la sangre
con un feroz escalofrío.
Será la muerte, sí, pero no importa.
¡Morir hasta que el mundo resucite!
Morir hasta que sean en el mundo
los hombres recorriéndolo descalzos:
¡la humanidad por fin enriquecida!
Hombres descalzos;
por su planta desnuda, justos, buenos.
Hombres que al ir andando en carne viva.
sintieran el dolor de cada hombre
latir en cada piedra que rozaran;
sintieran cada gota de rocío
temblar a cada sed, a cada lágrima,
morir a cada muerte, y gota a gota,
encadenando así nuevos rocíos.
Hombres descalzos;
por su planta desnuda,
sobre la tierra lentos y seguros,
como una enredadera sorprendente,
como si Dios sus águilas postrase,
y fueran en el mundo las palomas.
Autora: Ana Inés Bonnin
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Dicen que no Hablan las Plantas
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